¿Por qué la infraestructura refrigerada por líquido se ha vuelto común?

Hora de lanzamiento: 26/11/2025

Hace una década, la refrigeración líquida se consideraba una solución de nicho para supercomputadoras y clústeres de IA de alta gama. Hoy en día, se ha convertido en una opción de infraestructura común para centros de datos de todo el mundo. Este cambio no se debe a la moda tecnológica, sino a tendencias irreversibles del sector y necesidades operativas pragmáticas.

El principal impulsor es el aumento de la densidad de procesamiento. A medida que la IA, el análisis en tiempo real y los juegos en la nube cobran impulso, el consumo energético de los servidores ha aumentado de 500 W por unidad a 3 kW o más en las GPU de gama alta. La refrigeración por aire tradicional se topa con un obstáculo en este aspecto: su conductividad térmica es 40 veces menor que la de los fluidos refrigerantes, lo que imposibilita la gestión de cargas térmicas superiores a 50 kW por gabinete. La refrigeración líquida, en cambio, utiliza placas frías o inmersión para transferir el calor directamente: los sistemas de placas frías admiten entre 100 y 150 kW por gabinete, mientras que las soluciones de inmersión bifásicas pueden gestionar más de 500 kW, lo que se adapta perfectamente a las necesidades de los clústeres de procesamiento densos.

Los mandatos de eficiencia energética aceleran aún más esta transición. Los objetivos globales de neutralidad de carbono y las estrictas regulaciones de PUE (muchas regiones limitan la PUE a 1,2) dificultan la refrigeración por aire. Los centros de datos refrigerados por aire suelen tener una PUE de 1,3 a 1,5, mientras que los sistemas de refrigeración líquida aprovechan las altas temperaturas de salida (35-45 °C) para maximizar el aprovechamiento de la refrigeración gratuita: en regiones templadas, se pueden cubrir hasta 801 TP³T de necesidades anuales de refrigeración mediante fuentes de frío natural, lo que reduce la PUE a 1,03-1,08. Un centro de datos de 10 000 servidores refrigerado por líquido ahorra más de 10 millones de kWh al año en comparación con sus equivalentes refrigerados por aire.

Las mejoras prácticas han eliminado las barreras de adopción. La refrigeración líquida inicial presentaba altos costos de modernización y complejidad de mantenimiento. Hoy en día, los sistemas de placa fría pueden integrarse en racks de servidores existentes con modificaciones mínimas, con un coste de tan solo 15-20% más que la refrigeración por aire mejorada. La refrigeración por inmersión también ha avanzado: los refrigerantes reciclables de baja toxicidad reducen los riesgos ambientales, y los diseños modulares permiten el mantenimiento in situ sin necesidad de apagar el sistema por completo.

El auge de la refrigeración líquida como tecnología de vanguardia es, por lo tanto, el resultado natural de la demanda y el impulso tecnológico. A medida que las necesidades informáticas sigan creciendo, dejará de ser una opción de actualización para convertirse en un requisito fundamental que definirá la próxima generación de infraestructura de centros de datos.

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